Hay quien cree que su nombre viene del árabe «Al Bana», que significa «lugar excelente»; otros sostienen que procede del latín «Mons Albus», por las alturas en las que se asienta el pueblo, que en invierno aparecen nevadas. La palabra «Elicona», en cambio, parece venir de la colonización griega: los dorios llamaron «Helikon», que significa «tortuoso», a la colina en la que surgiría el pueblo medieval de Montalbano, por la forma del torrente cercano.
Uno se pierde en la belleza de este majestuoso pueblo: la Edad Media sigue en el aire, con sus casitas encaramadas en espolones de roca y sus callejones entre las numerosas iglesias, los palacios señoriales y el encantador castillo.
Nacido como bastión defensivo en la época de la dominación suabo-aragonesa, el castillo se convirtió por deseo de Federico III de Aragón en un verdadero palacio real de dos plantas, con dieciocho grandes y elegantes ventanas en los muros exteriores, sobre las saeteras suabas, y un buen número de portales y puertas. En su interior, sus amplias salas permiten sumergirse en el ambiente de las antiguas cortes.
Cerca del castillo merece la pena contemplar la iglesia de Santa Caterina d'Alessandria, de 1393. De estilo románico, guarda valiosas pinturas, como la «Cena Domini» de la escuela de Guido Reni, y una estatua de mármol de la santa atribuida a la escuela de los Gagini.
Desde el castillo, paseando por los callejones y las calles del casco antiguo, recorremos el pueblo hasta llegar a la catedral. Reformada en 1645 y flanqueada por un imponente campanario con valiosas campanas de bronce, está dedicada a Santa Maria Assunta y a San Nicolò Vescovo, patrón de este pueblo de montaña.
Por un lado, el territorio se extiende hacia la meseta del Argimusco, donde amenas extensiones de pastos y bosques milenarios, como la Reserva Natural del Bosco di Malabotta, ofrecen al visitante un paisaje impresionante; por el otro, desciende suavemente hacia el mar Tirreno y lleva la mirada hasta la silueta de las islas Eolias.
Los espléndidos megalitos del Argimusco ejercen una fascinación irresistible: rocas calizas gigantes de formas singulares, en cuyos perfiles descubriremos figuras humanas y animales y símbolos esotéricos, casi mágicos. Según algunos, estas rocas fueron modeladas por la erosión milenaria del viento y la lluvia; otros sostienen que esas formas las creó un misterioso pueblo prehistórico asentado en estas tierras, que practicaba ritos propiciatorios y sacrificios a los dioses.
Entre los megalitos más importantes se alzan solemnes dos grandes bloques alargados que evocarían los símbolos de la virilidad y la feminidad; a unos cientos de metros se yergue majestuosa la llamada Águila, uno de los megalitos más realistas del mundo, que reproduce el perfil de la rapaz con las alas desplegadas. El Argimusco es el único sitio megalítico de Sicilia.
En esta zona nace el río Elicona, a cuyas orillas se construyeron a lo largo de los siglos molinos de agua, adonde antiguamente los vecinos iban a pie o a lomos de mula para llevar el trigo a moler. Todavía hoy se pueden ver entre la vegetación los restos de los antiguos molinos (ruedas, muros, saitte, los canales de agua).
El singular territorio de Montalbano Elicona alberga los «cubburi», también llamados «casotti», construcciones que recuerdan a los trulli de Apulia y a los nuragas de Cerdeña. A unos cientos de metros de la meseta se encuentra la espléndida Reserva Natural del Bosco di Malabotta, en la zona de transición entre los montes Peloritanos y los Nebrodi. La reserva va desde los 650-700 metros hasta los 1341 metros de altitud.
En el área protegida hay hayas, robles de Turquía, robles, pinos, castaños y avellanos y, en menor medida, también arce, álamo negro, sauce, carpe oriental, acebo, bonetero, encina, peral silvestre y saúco común.
La fauna de la reserva es típicamente siciliana: hay gato montés, zorro, conejo, puercoespín y erizo europeo, martas y comadrejas, musaraña, lirón gris, lirón careto y jabalí.
Además, varias especies de reptiles, anfibios e insectos, entre ellas muchas especies de mariposas que hoy son raras.
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Qué ver en Montalbano Elicona
Entre los rincones más conocidos y fotografiados de Montalbano Elicona está el «Vicolo Placido Fiore»: una callejuela dedicada a Placido Fiore, fallecido en 1684, que fundó la obra benéfica conocida como Peculio.
Tenía por costumbre «socorrer a las familias necesitadas concediéndoles créditos de su propio bolsillo», sobre todo en épocas difíciles para el pueblo, cuando la población sufría abusos y saqueos. La obra benéfica que fundó siguió cumpliendo su función en los siglos siguientes, hasta la fundación, en 1887, de la Cassa Agraria, una caja agrícola.
Otra calle característica del casco antiguo de Montalbano es la Via Giovan Guerino, a quien la tradición local recuerda como defensor del pueblo en la Edad Media. Se cuenta que cayó en combate justo bajo la puerta que lleva su nombre, a pocos metros de la iglesia del Spirito Santo.
Y además de sus variadas esculturas en piedra, en Montalbano destacan en la Via Mastropaolo el sugerente portal barroco de la Casa Messina-Ballarino, esculpido en el siglo XVII por Irardi da Napoli, y el de la Casa Mastropaolo, obra del siglo XVIII de un maestro cantero local. Ambos fueron declarados monumentos nacionales por la Superintendencia en 1912.
En la Via Mastropaolo, entre los palacios Faranda y Bisagna, sigue en pie una de las antiguas puertas de Montalbano Elicona: la Porta di Terra. Por ella entraban y salían los campesinos que llevaban sus productos al castillo y que desde el castillo volvían, precisamente, a sus tierras de cultivo.
Si quieres revivir los momentos más importantes de la gente de Montalbano, basta con acercarte al Museo Histórico-Fotográfico Eugenio Belfiore: los usos, las costumbres y la vida cotidiana del lugar, las artes y los oficios antiguos, los días de fiesta, las ferias y los grandes acontecimientos a lo largo del tiempo.
Otro lugar donde se respira historia es el Palazzo Aloisio, hoy casa-museo, porque es uno de los rarísimos ejemplos de vivienda señorial que se ha mantenido intacta desde principios del siglo XX. En su interior se conservan con celo, todavía hoy, cada mueble, cada utensilio de cocina, cada pieza del ajuar. En las paredes cuelgan los retratos de los antiguos dueños, entre suelos de época y ricos frescos.
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1Castello di Montalbano
Via Don Ottavio Bolgeni - Montalbano Elicona (ME)
2Megaliti dell'Argimusco
Strada Provinciale 115 - Montalbano Elicona (ME)
3Chiesa di Santa Caterina
Via Mastropaolo 13 - Montalbano Elicona (ME)
4Chiesa Madre
Piazza Duomo - Montalbano Elicona (ME)
5Chiesa di San Domenico - Santuario della SS. Provvidenza
Via Provinciale 19 - Montalbano Elicona (ME)
6Chiesa dello Spirito Santo
Via Giovan Guerino - Montalbano Elicona (ME)
7Chiesa di San Michele
Traversa I Giardino - Montalbano Elicona (ME)
Cómo llegar a Montalbano Elicona desde Catania
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